(2010-10-26) La opinión de la Coruña
En Francia se está desarrollando un fuerte movimiento de protesta contra la reforma del sistema de pensiones que propugna el Gobierno de Sarkozy.
por JOSE MANUEL PONTE
Comenzó el mes de agosto pasado y desde entonces hubo huelgas en los transportes y en las refinerías, manifestaciones masivas, y violentos enfrentamientos con las fuerzas de orden público, que fueron secundados por los estudiantes ("Los hijos defienden la jubilación de sus padres y su propio futuro", dijo alguien a modo de explicación).
El desenlace de este pulso, que amenaza con paralizar momentáneamente el país, está por ver, pero el Gobierno conservador confía en que acabará doblando el brazo a los huelguistas. En el resto de Europa, embarcada en un proceso de liquidación gradual del llamado "estado del bienestar", se observan estos sucesos con mucha atención porque Francia siempre fue un referente en la defensa de los derechos ciudadanos. Y España, por supuesto, no podía ser una excepción. A muchos de nuestros analistas políticos les sorprende la virulencia de la contestación popular francesa, sobre todo si la comparamos con la débil respuesta que se ha dado aquí ante unas propuestas mucho menos favorables, en su conjunto, para los trabajadores. La explicación a esta actitud apática del cuerpo social, especialmente llamativa entre la juventud, la ha definido bastante bien el secretario general de las muy acomodadas Juventudes Socialistas en el último comité federal del PSOE : "Hay una generación con ansia de oportunidades que no está movilizada contra el Gobierno, como en Francia, sino resignada a su suerte". Vistas así la cosas, la posibilidad de que el incendio de la protesta francesa se extienda al resto de Europa es bastante cuestionable, aún cuando es difícil hacer diagnósticos certeros sobre las explosiones sociales. Por poner un antecedente relativamente cercano, el famoso "mayo de 1968" influyó en cierta medida en el pensamiento político de la juventud en varios países, pero nunca traspasó las fronteras como movimiento revolucionario operativo. Al margen de todo ello, no deja de llamar la atención que algún brillante polemista la haya tomado con los afrancesados.