(2010-10-18) El economista.es
Ya no hay tiempo para dejar a un lado la reforma de las pensiones. El envejecimiento de la población ha obligado a los Ejecutivos a sacrificar su popularidad y cambiar las condiciones de jubilación.
El ejemplo más representativo son las permanentes movilizaciones que sufre Nicolas Sarkozy en Francia a cuenta de elevar la jubilación hasta los 62 años.
Alemania, Portugal, Reino Unido, Italia, Dinamarca, Bélgica, Francia y, por supuesto, España están inmersos en este proyecto. Todos ellos han cargado el peso de la reforma en dos pilares: retrasar la edad de retiro y ampliar el periodo de la vida laboral con el que se computa la cuantía de la pensión. Pero el resultado de dichos cambios es bien distinto.
A primera vista, la reforma de las pensiones españolas se asemeja a las directrices europeas, abanderada con el retraso de la edad de jubilación a los 67 años. Pero el futuro sistema distará bastante de los regímenes europeos.