(2008-10-28) gaceta.es
En el país asiático proliferan las organizaciones asistenciales para la atención de ancianos.
Cuando Kohey Yoneyama, actualmente jubilado, se miró en el espejo hace una década, no vio a un tipo preparado únicamente para pasar el tiempo jugando al golf. Este ex ejecutivo seguía ansioso por enfrentarse a nuevos desafíos. Por eso puso sus ojos en uno de los problemas más acuciantes de Japón: cuidar de los ancianos, que son cada vez más numerosos.
Junto a esto no hay que olvidar que en el país asiático el número de mujeres que trabajan fuera de casa es elevado y que, además, los familiares viven alejados. Estas circunstancias explican por qué los miembros de las familias japonesas no tienen el apoyo y los vínculos sociales de antaño. Yoneyama es muy consciente de que muchos de sus amigos jubilados tienen demasiado tiempo para sí mismos; algo que les hace sentirse inútiles y que desespera a sus mujeres.
Por eso, Yoneyama y otras cinco personas decidieron crear la Nagareyama Friendship Network, una red pensada para contribuir a que las personas mayores se ayuden a sí mismos, y que recluta a gente que piensa que la vida después del trabajo carece de significado.
“La asistencia a los ancianos se ha considerado siempre terreno de mujeres”, señala Yoneyama, y algo que se recibe sólo de forma pasiva. “Pero si adoptas un enfoque moderno, esto significa que no sólo se recibe asistencia, sino que también tienes que participar e involucrarte”. Para Yoneyama, las personas como él representan una reserva de talento perfecta muy poco utilizada.
Un país envejecido
En marzo de 2008, casi el 22% de la población tenía más de 65 años, una cifra que se espera que se doble en 2050. Además, el hombre más viejo del mundo vive en Japón y acaba de celebrar su 113 cumpleaños. Junto a esto, más de 36.000 japoneses son centenarios y 13 millones tienen más de 75 años. Y mientras tanto, la tasa de natalidad continúa descendiendo.
El Gobierno ha tomado algunas medidas. En 1998 aprobó una ley para apoyar proyectos sin ánimo de lucro. Esta decisión provocó un florecimiento de organizaciones como la Nagareyama Friendship Network, que había abierto sus puertas tres años antes. Junto a esto, en 2000 creó seguros asistenciales para los mayores, de tal forma que a algunas instituciones de voluntariado se les financiaron ciertos programas.
“No hay recursos humanos suficientes para cuidar al número cada vez mayor de ancianos de Japón. Por eso, las organizaciones asistenciales se preparan para contratar a los propios ancianos”, dice Mariko Hattori, un profesor de la Rikkyo University de Tokio. “Y el Gobierno apoya esta estrategia”.
Las autoridades japonesas abrieron sus puertas este año a 200 enfermeras y auxiliares indonesias para empezar a aliviar la escasez de los servicios sanitarios; aunque probablemente se admitirán más enfermeras extranjeras en los dos próximos años.
La Nagareyama Friendship Network, que despegó siguiendo la orientación de Tsutomu Hotta, un ex fiscal que creó su propia organización benéfica relacionada con los ancianos, ha visto cómo sus filas se incrementaban desde los 155 miembros iniciales a los 2.000 de ahora. De ellos, 1.200 ayudan a otros ancianos y los 800 restantes participan en otras actividades de la organización. En cuanto a los hombres, son el 30% de sus miembros. Hoy, la red también tiene un hogar para ancianos que no pueden vivir solos, incluso recluta a miembros para que ayuden durante el día a padres solteros. Sin embargo, el acento se pone sobre todo en ayudar a que la gente siga activa e impulsar a los hombres a adoptar nuevos roles.
De tú a tú
Hace unos días, Seiji Tobe, ataviado con su delantal verde, símbolo de la red, se encontraba ayudando a un hombre a bajar de la furgoneta del grupo y le acompaña amablemente mientras se dirigía a su cita en el hospital local. “Creo que es bueno para la gente mayor ayudar a otros ancianos”, dice tras completar su tarea. “Mi edad es parecida a la de los que necesitan ayuda. Por eso puedo entender lo que esas personas desean”.
Tobe se unió a la red hace cinco años para devolver algo de lo que recibió de sus antiguos clientes de Tokyo Electric. “Yo vivo para esto”, dice pausadamente. “Pero deberían participar muchos hombres, porque hay cosas que tienen que hacer los hombres. A veces es necesaria la fuerza física para algunos cometidos”.
Las necesidades de la organización abarcan todo tipo de cosas: desde cuidar el jardín y limpiar la casa a subirse a una escalera para reparar una lámpara rota. Para organizar los trabajos, un coordinador gestiona las peticiones.