(2010-10-10) ABC
Conviene hacer memoria. Hace quince años, durante ese intervalo en el que González no terminaba de irse ni Aznar de llegar, PSOE y PP tuvieron un momento de lucidez y apartaron el debate de las pensiones de la discusión política.
La crisis del 93 había debilitado sus cuentas y ni a los socialistas les interesaba que les acusaran de quebrar a la Seguridad Social, ni a los populares que les restregaran aquello de que si ganaban iban a quitar las pensiones públicas.
Nació así —con buen pie— el Pacto de Toledo, que permitió alcanzar un acuerdo entre las principales fuerzas políticas, con respaldo de los agentes sociales. Este Pacto, en una serie de recomendaciones, vino a decir que queríamos mantener el sistema público de pensiones mediante el sistema de reparto —los recientes sistemas de capitalización comenzaban a extenderse por América— y que debíamos abordar una serie de reformas para garantizar su futuro. Se subió, entre ellas, el periodo de cálculo de las pensiones hasta los 15 años, al tiempo que se recomendaba arbitrar un sistema automático de revalorización de las pensiones.
Pero los legisladores sabían que el sistema tendría que irse adaptando a las realidades cambiantes, por lo que creó una comisión de seguimiento del Pacto de Toledo en sede parlamentaria que ha venido funcionando hasta nuestros días. Hasta fechas recientes, los sucesivos gobiernos cumplieron con todo lo pactado y, la verdad, el balance no puede ser más positivo. De un sistema de pensiones en riesgo, hemos pasado a obtener unos superávits que por aquel entonces nos hubieran parecido imposibles.
por MANUEL PIMENTEL