(2008-03-18) Jubilo.es
La estimulación cerebral profunda mejora los síntomas del Parkinson
La enfermedad de Parkinson es una patología neurodegenerativa que produce una alta incapacidad y pérdida de calidad de vida para las personas afectadas. Se estima que en torno al 1,5% de la población mayor de 65 años padece Parkinson, y en España constituye la segunda enfermedad neurodegenerativa más frecuente tras el Alzheimer.
Los síntomas más característicos que produce este problema de salud son los que afectan a los movimientos, de modo que los pacientes suelen experimentar rigidez, temblor, reflejos posturales alterados, bradicinesia (lentitud y retardo para iniciar el movimiento) o acinesia (el movimiento no llega a iniciarse), tal y como explican los expertos. Asimismo, a medida que la enfermedad avanza, aparecen otros síntomas como alteración del equilibrio, disfagia (dificultad al tragar), hipofonía (disminución del volumen de voz), distonías dolorosas (contracciones involuntarias del músculo) y alteración del sueño, así como una mayor probabilidad de padecer demencia y depresión.
Los autores de este estudio afirman que aunque hasta el momento no existen tratamientos que curen ni detengan la enfermedad, existen procedimientos quirúrgicos, como la ablación, la neuroestimulación y el trasplante celular, que reducen los síntomas, sobre todo los relacionados con la movilidad y la capacidad motora.
En el marco de este estudio, los pacientes analizados han sido sometidos a estimulación cerebral profunda (ECP). Esta técnica consiste en la implantación de un electrodo en una zona diana del cerebro. Mediante un generador de impulsos subcutáneo, el electrodo transmite a las neuronas circundantes una corriente eléctrica que inhibe a las células que provocan los síntomas de esta enfermedad. Esta estimulación se puede realizar de manera unilateral o bilateral, y de forma continua o cíclica.
AEn total, han participado en el estudio 12 centros y 158 pacientes, con una edad media de 60,8 años, a los que se ha realizado una valoración prequirúrgica y un seguimiento posterior, a los seis meses, al año y a los dos años de la intervención. Los síntomas más frecuentes que presentaban las personas incluidas eran trastornos de la marcha, rigidez, temblor, bradicinesia y congelamiento.
Los resultados obtenidos ponen de manifiesto que, tras la intervención, los pacientes experimentaron una mejoría de los síntomas motores valorados, que se produjo a partir de los seis meses y se mantuvo al año y a los dos años siguientes, período máximo durante el cual se realizó el seguimiento. Del mismo modo, también mejora la evolución de la enfermedad, la capacidad de realizar actividades de la vida cotidiana, y la calidad de vida en términos generales. El estudio también ofrece, según sus responsables, resultados favorables acerca de la seguridad del procedimiento ECP, lo que es congruente con la evidencia científica disponible hasta el momento.