(2008-10-07) El Diario Montanés
Cursos sanitarios, módulos formativos y talleres artísticos forman la oferta del centro de adultos de Polanco
Han pasado veinte años desde que la Casa de Cultura de Polanco acogiera entre sus paredes de piedra a los primeros estudiantes. Corría entonces el año 1988 y España acababa de inaugurar las escuelas para adultos. Apenas habían pasado dos años desde que este país entrara a formar parte de la UE y Polanco comenzaba abandonar su tradicional economía mixta, basada en la agricultura y la ganadería. «La reconversión industrial que empezaba en esos años fomentó el tiempo libre. Una escuela para adultos era una forma de dinamización social» comenta su precursor, Constantino Barrero. Con algunos años menos, pero con la misma ilusión que aún conserva, este profesor y psicólogo empezó en el curso 1988-1989 una carrera de fondo que le ha mantenido ocupado desde entonces y hasta hoy. Los cursos ofrecen la posibilidad de obtener el graduado escolar a personas que por diferentes circunstancias abandonaron los estudios muy jóvenes. Es el caso de Quinita Castañeda. «Por cabezonería de mi madre dejé de estudiar y me ocupaba de cuidar el ganado, pero yo siempre había querido tener el graduado». En el año 1989 se matriculó en la Escuela de Adultos de Polanco y adquirió el certificado de estudios que le abrió varias puertas. Después del graduado asistió a un curso de sociosanitario de cuidados auxiliares de enfermería y encontró trabajo en Valdecilla. «Al principio las vecinas hacían comentarios cuando me veían pasar en bicicleta para acudir a clase. Cuando supieron que gracias a la Escuela había encontrado trabajo en el Hospital no daban crédito». comenta. Al igual que Quinita, a Javier Cabrero los cursos también le sirvieron para hacer lo que le gustaba. «El año pasado preparé las pruebas de acceso a ciclos de grado medio y ahora estoy haciendo un módulo de mantenimiento». Además de preparación para obtener el graduado de la ESO o el acceso a ciclos de grado medio, en la escuela también se imparten diferentes cursos profesionales y talleres artísticos y de ocio.
María del Pilar se define como la 'abuelita' de la Casa. Recién superados los 70 años y con una vitalidad que sabe transmitir, participa en las clases de francés y cerámica desde el año pasado. «El ambiente de trabajo es fabuloso; los profesores se implican mucho y comparten su experiencia. Acudir a los talleres es una forma de conocer a los vecinos y de entablar relaciones».
A Deñe Galdós los cursos de informática la permitieron empezar a manejar un instrumento cotidiano en nuestras vidas. «Me apunté a los tres cursos de informática básica, media y avanzada, porque los niños te plantean preguntas y tienes que decir que no sabes» explica.
Pero no todos los alumnos son necesariamente personas mayores. El único requisito para acudir a los cursos es ser mayor de 18 años o tener 16 si se presenta un contrato de trabajo. Al poco tiempo de abandonar sus estudios, Fernándo Carbonel comprendió que necesitaba los estudios mínimos para acceder a cualquier puesto de trabajo.
Con unas cuantas dosis más de madurez y un padre insistente, Carbonel decidió retomar las clases en la Escuela de Adultos el año pasado. «Ahora tengo 19 años y tengo el graduado, estoy muy contento». Este nuevo curso académico se ha inaugurado el día 1 de octubre. Progresivamente se pondrán en marcha todos los cursos y talleres hasta completar una oferta cultural que crece cada año.